Inicio arrow Opinión arrow Opinión arrow Por la dignidad del árbitro y del deporte (III). Por Angel A. Jiménez Bonillo 23 de noviembre de 2017

El próximo jueves, 29 de enero de 2009, se celebrará la Jornada de presentación del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) en España, en la Sala de Actos del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB). Copresentará el acto el Presidente de Honor del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch. +

 

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13 de julio de 2007
POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO Y DEL DEPORTE (III)

(Julio 2007)

Durante las últimas jornadas de liga, el fútbol ha mostrado en España su cara más emocionante y, por desgracia, también la más miserable. Yo, Ángel Andrés Jiménez Bonillo, autor de los artículos "Por la dignidad del árbitro y del deporte"(I y II),  árbitro de fútbol adscrito a la delegación costa del sol, me centraré en la parte que a todos debería repugnarnos.

En el partido entre el Barcelona y el Getafe, un jugador profesional que cobra una millonada se autoexpulsó dando una patada sin balón a un rival. En este enfermo país, miles de aficionados, en vez de recriminar a su futbolista la falta de espíritu deportivo y de responsabilidad, se dedicaron a insultar a un señor (un ser humano, no lo olvidemos) que desempeña la labor más difícil de todas las que conforman un encuentro: arbitrar (es decir, lo que esa gran mayoría que insulta no se atrevería a realizar). Además, en esta ocasión acertó, aunque el respeto debido a toda persona no deba (y no debe) depender de que acierte o no, como tampoco creo que se deba insultar a un entrenador por el estilo de juego del equipo o a un presidente por cualquier motivo.

Si mi memoria no me falla, al día siguiente algunos jugadores del Betis dudaron de la honestidad de la labor arbitral en su partido frente al Celta. No sé cómo verían ellos que personas que no están en su piel dudasen de su profesionalidad después de su derrota por cero a cinco contra Osasuna.

Y ante hechos lamentables como los que he comentado, nadie toma cartas en el asunto. El fútbol (y, con él, el espíritu y los valores deportivos) se pudre y nadie levanta la voz. El miedo a perder el puesto o a crearse enemigos, o la resignación del que no quiere jugarse su tranquilidad me parecen las únicas causas posibles para explicar este silencio cómplice y miserable.

Otro capítulo doloroso es el de los goles obtenidos con la mano (Agüero, Van Nistelrooy -aunque lo acabó metiendo Sergio Ramos-, Messi...). Son lances en los que los atacantes, olvidándose de que lo que están practicando es un deporte (hablar de limpieza en el deporte es como hablar de respeto mutuo en la pareja: lo primero es parte esencial de lo segundo) deciden robar, es decir, apoderarse consciente y voluntariamente de lo que no les corresponde. Menosprecian el hecho de ser ejemplo de los jóvenes, los cuales crecerán y querrán imitar a sus ídolos. Les hablamos de juego limpio y luego nos dedicamos a ensuciarlo. No hay derecho. Y esta sociedad permanece callada, seguramente para mantener vivo un negocio perverso y asqueroso.

Decía Joaquín Caparrós, cuando Agüero metió su lamentable gol con la mano, que él lo felicitaría por ello. A mí me gustaría preguntarle al señor Caparrós si él tiene argumentos morales para explicar a un niño que no debe robar aunque nadie lo esté viendo, porque eso está mal, pero que sí puede marcar un gol ilícito a un rival. La doble moral: gran peligro; el fin (ganar) justifica los medios: otro gran peligro.

Hace unos meses yo pensaba que el fútbol estaba muriéndose. Ahora ya lo veo en su última agonía (no como negocio, sino como deporte). Pero a los medios de comunicación y a las autoridades competentes no les importa. Pueden decir que el comportamiento de las aficiones ha sido ejemplar aunque hayan insultado terriblemente a los árbitros y a los jugadores del equipo rival. Si luego se alarman cuando ocurren tragedias en torno al deporte, será pura hipocresía. Eso del respeto y del juego limpio es una pantomima; lo que importa es que haya polémica y negocio. Como sea, pero que haya.

Cuando veo un partido de tenis, me parece estar viendo auténtico deporte. El respeto es absoluto. Luego veo uno de fútbol (goles con la mano, caídas en el área rival sin que el derribo esté justificado, agresiones físicas y verbales... ) y me da vergüenza. Y todo el mundo calla porque no se atreve a desmontar el negocio (o no quiere). ¡Qué falta de humanidad!.

Ante esta situación, la única posibilidad que le queda al fútbol para no morir como deporte está en manos de los árbitros, esas personas que soportan con grandeza ser maltratadas por sus semejantes sin que la sociedad muestre su disconformidad. Por ello pido a mis compañeros que se planteen convocar una huelga a comienzos de la próxima temporada en todas las categorías del fútbol español. Sería nuestro llamamiento a una jornada de reflexión sobre el auténtico espíritu deportivo y sobre las violaciones de los derechos humanos y la constitución (artículo 20.4) que cada fin de semana se producen en la mayoría de los campos de fútbol de este país.

Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará. Debemos demostrar que a nosotros sí nos interesa más el deporte que el negocio. Debemos luchar por dejar a nuestros descendientes un deporte sano y educado (y educador), sin muertes (¡qué barbaridad!) ni faltas d e respeto (también son barbaridades, aunque mucha gente piense, equivocadamente, que son parte del fútbol).

En el fondo, debemos ayudar al propio fútbol (si es que nos importa y lo amamos realmente) para que nunca más se escuche algo como lo que hace poco me dijo el padre de un niño: "prefiero que mi hijo practique cualquier deporte antes que fútbol; la falta de educación en el fútbol es terrible".

Ángel Andrés Jiménez Bonillo

Árbitro de fútbol adscrito a la Delegación Costa del Sol.

Artículo cedido por la web http://www.tecnicosfutbol.com. El autor publicó en la web IUSPORT las dos primeras partes de su trabajo, que se reproducen a continuación.



POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO Y DEL DEPORTE (PARTE II)

(28 de febrero de 2007)

Hace unas semanas el fútbol mundial miraba (más triste que asombrado, desgraciadamente) hacia Italia. Cientos de personas que quizás se consideran a sí mismas amantes del deporte protagonizaban un capítulo más de la historia negra de lo que no debe asociarse con el deporte.

Ni que decir tiene que este tipo de sucesos son lamentables e inadmisibles, pero creo que es un error echarnos las manos a la cabeza solamente cuando hay víctimas mortales (sin duda, lo más desagradable que podemos encontrarnos, nadie lo niega).

Si queremos un deporte sano, hemos de procurar atacar y atajar los síntomas de sus posibles enfermedades desde el principio. No podemos permanecer callados ante los insultos reiterados a árbitros o jugadores; ante los constantes enfrentamientos (verbales y no verbales) entre las aficiones; ante las declaraciones fuera de tono de los directivos y de los deportistas.

Si callamos ante estas situaciones y las permitimos, debemos ser conscientes de que eso acabará siendo el germen de desgracias mayores. Es como decirle a alguien que no puede matarnos, pero sí insultarnos o pegarnos unos guantazos cada vez que le venga en gana.

Cuando una sociedad empieza a permitir fisuras en el entramado de valores que la sustenta, está condenada a morir, y no porque nadie venga de fuera a matarla, sino porque no ha sido capaz de mantenerse firme y sólida.

Si los intereses económicos y el miedo a tomar decisiones importantes pesan más que la educación y la verdad, preparémonos para lo peor. Y no sólo en el deporte.

Ángel Andrés Jiménez Bonillo

Árbitro de fútbol adscrito a la Delegación Costa del Sol.



POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO Y DEL DEPORTE: PARTE I

(9 de enero de 2007)

(NOTA DE IUSPORT: Puede verse el reportaje de Canal Sur TV asociado al tema de este artículo en la siguiente dirección: http://www.youtube.com/watch?v=Wy4GQOtrDKQ )

A todos los árbitros de España, en especial a los de fútbol:

Mi nombre es Ángel Andrés Jiménez Bonillo. Soy árbitro de fútbol adscrito a la Delegación de la Costa del Sol (Málaga). Me considero deportista y amante del deporte; eso sí, del auténtico deporte.
Debuté como árbitro el 29 de enero de 1994. Desde entonces, he sido insultado gravísimamente en innumerables ocasiones; he sido amenazado (incluso de muerte); he sido golpeado; me han escupido; me han roto el coche (era de uno de mis árbitros asistentes, para ser exactos); he salido escoltado por las Fuerzas de Orden Público como si fuese un delincuente; he visitado hospitales y juzgados; incluso he temido por mi vida en algunas ocasiones.
He oído muchas veces que el deporte es sanísimo, que encierra grandes valores, que genera convivencia y respeto. Estoy de acuerdo en que eso es el auténtico deporte, el ideal.
No creo que podamos decirles a las generaciones futuras que eso es deporte; que nos hemos acostumbrado a aceptar como algo normal e inherente al propio juego el hecho de perder el respeto debido a toda persona, también al árbitro, por supuesto.
En mi opinión, ha llegado el momento de frenar lo que supone una violación continuada del espíritu deportivo, de los Derechos Humanos (que tanta sangre y tantas lágrimas costó conseguir) y de la propia Constitución Española (artículo 20.4). Nos echamos las manos a la cabeza ante los insultos racistas (como debe ser), pero nadie se acuerda de los árbitros.
Como diría el gran Martin Luther King, "tengo un sueño": ir con mis sobrinos a ver un partido de fútbol y no tener que avergonzarme de las faltas de respeto de unos seres humanos hacia sus semejantes (porque los árbitros y los jugadores también son seres humanos, que nadie lo olvide).
Mi pasividad y silencio ya no volverán a ser colaboradores de esta triste realidad. Por eso yo, desde hace varias jornadas, antes de comenzar mis partidos comunico a delegados y entrenadores que lo más importante es que no se pierda el respeto a nadie (hablo también del insulto, por supuesto, ya sea a los propios árbitros o a cualquier otra persona), ya que la dignidad del ser humano no debe buscarse (parafraseando al gran Gandhi) a través de ningún camino, sino que ella es el camino. En consecuencia, si algún espectador transgrede esta norma fundamental de convivencia (pagar una entrada no da derecho a acabar con los derechos de los demás), trataré por todos los medios a mi alcance (ayuda de los delegados, de los entrenadores, de las Fuerzas de Orden Público—si las hay—, de los jugadores...) de que la situación vuelva a la normalidad; pero si eso acaba resultando imposible, decretaría la suspensión definitiva del encuentro.

Modificado el ( 22 de julio de 2007 )
 
 

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